Para veterinarias y clínicas
Casi todos los sistemas muestran una agenda linda en la demo. Lo que separa a uno que se usa de uno que se abandona a los dos meses es otra cosa, y conviene saber qué mirar antes de cargar el primer paciente.
Cuando una clínica busca software, lo primero que evalúa es la pantalla de turnos, porque es la más fácil de comparar. Pero la agenda es la parte trivial: cualquier sistema la tiene y ninguna clínica cerró por no tenerla.
El trabajo real de una veterinaria está en tres cosas que se cruzan todo el tiempo. El paciente, que tiene una historia que alguien va a necesitar leer en dos años. El tutor, que es quien paga, quien recibe el aviso de la vacuna y quien puede tener tres animales. Y el stock, que en una veterinaria es farmacia: se vende, se aplica en consulta y se descuenta de lugares distintos.
Un sistema que resuelve las tres por separado obliga a cargar al mismo cliente tres veces y a descubrir a fin de mes que el inventario no cierra. La pregunta útil al evaluar no es qué módulos tiene, es si esos tres hablan entre sí.
La primera es si la historia clínica queda accesible desde cualquier consultorio y para cualquier profesional con permiso. Una clínica con dos veterinarios y una guardia de sábado descubre rápido que una ficha atada a una computadora no sirve.
La segunda es qué pasa con el producto que se aplica en la consulta. Si la aplicación de una pipeta no descuenta stock automáticamente, el inventario es una estimación desde el primer día, y nadie va a cargarlo a mano entre paciente y paciente.
La tercera, y la que más se pasa por alto, es si podés sacar tus datos. Las historias clínicas son de la clínica. Un sistema que dificulta exportarlas es caro de una manera que no aparece en el precio mensual, y solo se descubre el día que querés cambiar.
La razón más común por la que una veterinaria posterga esto no es el precio: es el miedo a la migración. Y tiene fundamento, porque el enfoque habitual — transcribir años de fichas antes de empezar — no lo termina nadie.
El camino que funciona es el inverso. Arrancás con la agenda y con los pacientes que vienen esta semana, que son los únicos que necesitás hoy. Cada paciente que vuelve se carga una vez, y en tres o cuatro meses la clínica está digitalizada sin que nadie haya transcrito una carpeta.
El histórico en papel se conserva para consulta y deja de crecer. Es un archivo muerto en lugar de un sistema paralelo, que es exactamente la diferencia entre migrar y tener dos sistemas para siempre.
Evolución, peso por visita, vacunas con vencimiento y estudios adjuntos.
Una cuenta por persona, varias mascotas colgando de ella.
Cada tipo de consulta con el tiempo que ocupa, y reservas desde tu web.
Lo que se vende y lo que se aplica en consulta, descontando de un solo inventario.
Cobros por consulta y por producto, con cierre diario que cuadra.
La vacuna que vence avisa sola, que es lo que sostiene la agenda del mes que viene.
Cada módulo de Siimplo, tal como lo va a usar tu equipo.

Los turnos de hoy, tu cantidad de clientes y el link de reservas que usan los dueños: toda la clínica en una pantalla.

Los turnos del día con el servicio, el profesional asignado y el estado de confirmación, en lista o calendario.

Preguntale en tus palabras y te guía paso a paso por Siimplo; además mira tu agenda real y te arma el turno para que lo confirmes vos.

Ordená las llegadas espontáneas: esperando, llamado o atendido, con prioridad de urgente a baja y hora de llegada.

Los turnos de hoy de un lado, quién ya llegó del otro: hacés pasar al siguiente con un solo clic.

Quién tiene que volver y cuándo — controles post-visita y recordatorios en cola automáticamente, no en la cabeza de alguien.

Ingresos, gastos y ganancia neta para el período que elijas, con gráfico de tendencia, desglose por categoría y descarga.

Cada dueño con sus datos de contacto y créditos disponibles, invitable a tu sitio de reservas en un clic.

Un perfil por paciente — especie, raza, edad — con la historia clínica que acompaña al animal en cada visita.

Planes prepagos por cliente con créditos usados, restantes y vigencia, más un filtro para los que están por vencer.

Todas las facturas en un solo registro — pagada, pagada parcialmente, pendiente o borrador — con la venta en la misma pantalla.

Abrí y cerrá la caja con saldo inicial y esperado, ingresos, egresos y cada movimiento etiquetado por medio de pago.

Lo que debés y lo que te deben, con antigüedad a más de 30, 60 y 90 días y los días de atraso en cada fila.

Medicación, alimento medicado y descartables con SKU, barras de stock, costo y precio de venta, y alertas de faltante.

Seguí qué pediste, a quién, cuándo y para cuándo llega, con las entregas demoradas marcadas.

Tu libro de proveedores con CUIT, persona de contacto, mail de pedidos y código interno.

Tu equipo con roles, última actividad y accesos que activás o desactivás, más una pestaña de permisos a medida que crecés.

Las conversaciones con clientes quedan en el sistema y no repartidas en teléfonos personales, con no leídos y archivado.

Tareas de seguimiento atadas a un cliente con fecha límite, para que “después lo llamo” sea algo que podés controlar.

Todas las formas en que cobrás — efectivo, posnet, cuentas bancarias — cada una con su moneda y su estado.

Manejá todas tus sucursales desde una sola cuenta en el plan más alto, cada una con su equipo, stock y caja.

La página de tu negocio de cara al cliente: portada, logo, descripción, especialidades, idiomas y certificaciones.

Consultas de control, vacunación, limpiezas dentales y consultas quirúrgicas, cada una con su duración y días bloqueados.
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